atrapar el tiempo, pero no el alma

Hablar de tapices, de tejer, es hablar de tiempo. Tiempo invertido, tiempo manifiesto, tiempo palpable, tiempo tangible, tiempo………..

Por eso me gusta que la fecha forme parte del propio tapiz, que cobre presencia. Desde hace años he decidido que las dos orillas entre las que se extiende mi pequeño mundo imaginario, esta pequeña crónica de una tejedora contemporánea, queden visibles, que no se doblen hacia atrás. Son, habitualmente, los soportes de estos dos puntos referenciales en el fluir del tiempo: el comienzo y el final del trabajo en el telar (porque la otra parte, la gestación de la idea, es mucho más difícil de atrapar).

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Así, de alguna manera, queda atrapado el tiempo. ¿Y el alma?

Dicen los indios navajos, que en cada tejido debe quedar un hilo suelto por el que pueda escapar el alma de la tejedora para no quedarse atrapado en su propia obra.

Sabio consejo. Las y los que tejemos, sabemos del poder de „absorción“ que ejerce el trabajo de tejer. Escapamos del mundo cotidiano y nos introducimos en uno distinto, donde rigen otras dimensiones de tiempo y espacio, y fácilmente podemos perdernos en él y quedarnos atrapadas entre los hilos de la urdimbre y el ir y venir de la trama.

Yo no suelo dejar un hilo suelto, pero desde que tejo tapices grandes (para lo que una persona en mis circunstancias puede abarcar) procuro abrir un camino por el que mi alma puede escapar. Entre otras cosas, porque aún no siento que haya tejido mi último tapiz.

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